Los hoteles de la costa norte del Maresme cierran por vacaciones

El sector ha perdido casi un millón de turistas y bajan persianas el 80% de los establecimientos 
Los hoteles de la costa norte del Maresme cierran por vacaciones
Santa Susanna.La ausencia de turistas deja una paisaje de desolación en la mayoría de complejos hoteleros del Maresme, que apenas han recibido visitantes (Àlex Garcia)
FEDE CEDÓ

El aspecto desolador que ofrecen las grandes avenidas de playa en el litoral del Maresme, las mismas que hace un año eran un hervidero de turistas, no hace más que confirmar las previsiones más pesimistas de un sector, el hotelero, que ha quedado herido de muerte. En pleno mes de agosto, el hotel que ha resistido no ha superado el 20% de la ocupación y los empresarios calculan que han dejado de visitar la comarca cerca de un millón de turistas, unos 960.000.

La insólita caída de reservas a causa de la epidemia de la Covid-19 se agrava con las reiteradas cancelaciones y suspensiones de acontecimientos multitudinarios, como la prueba atlética Ironman que en el Maresme ponía el colofón a la temporada estival con un pleno de clientes de alto poder adquisitivo. El famoso triatlón en el que participan unos 3.800 atletas tiene un impacto económico en el territorio de 10,4 millones de euros, de los que el 33% se destina a alojamientos o lo que es lo mismo, unos 3,4 millones.

 

En el Maresme hay más de 120 hoteles de los que el 65% se concentran al norte, entre las localidades de Calella, Pineda de Mar, Malgrat de Mar y Santa Susanna. Las cifras dan la razón a los más agoreros que aciertan que el 80% de los establecimientos no han abierto o han cerrado mucho antes de lo previsto.

Anulación de eventos

La suspensión del Ironman supone que los hoteles dejan de ingresar 3,4 millones

Los que abrieron a primeros de julio esperanzados con una recuperación de las reservas que habían caído espectacularmente tras los confinamientos y la mala publicidad que de España se lleva en los países emisores de turistas, como Francia -el principal cliente del Maresme- o Dinamarca, cuyos gobiernos aconsejan abiertamente no viajar a España o Alemania que impone tests PCR a los viajeros que proceden de la península Ibérica, han acabado por finiquitar la temporada estival.

Los hoteles que dependían del turista extranjero han cerrado. Otros clausuran parte de sus plantas y las grandes cadenas hoteleras mantienen un solo hotel abierto en la provincia. El resto de las empresas turísticas se obligan a incrementar el gasto para reforzar la seguridad y el personal para cubrir todos los servicios con garantías, como los bufetes libres, ahora asistidos por camareros y cocineros.

Las inspecciones de agentes de Salut i Turisme son recurrentes en los centros hoteleros, hasta el punto de haber hecho reaccionar a algunos ayuntamientos en el cumplimiento de las medidas de seguridad. Un claro ejemplo es el Ayuntamiento de Santa Susanna, que distribuye policías de paisano en los establecimientos turísticos. “Se identifican y advierten a los infractores de su actitud”, asegura el alcalde Joan Campolier.

Seguridad

Policías locales de paisano patrullan en hoteles para vigilar las medidas sanitarias

Si los hoteles cierran y prolongan los expedientes de regulación de empleo, también lo harán a finales de agosto los comercios derivados que también dan servicio a los turistas, cuando antes la temporada se prolongaba hasta primeros de octubre. Restaurantes antes inaccesibles sin reserva o tiendas de souvenirs vacías aguantan solo con el turista nacional. En este sentido, algunos hoteles que apostaban por mantener la oferta de visitantes españoles han tenido las ocupaciones más altas, como el caso del hotel Bernat II de Calella, que ha alcanzado el 80% de su capacidad

Los profesionales del sector coinciden en afirmar que las ayudas planteadas por la Generalitat y los Ayuntamientos son insuficientes. “A corto plazo debemos fijar ayudas para la recuperación del sector apuntando al 2021”, mantiene Jordi Noguera, presidente del Gremio de Hostelería del Maresme. “Es preciso hacer campañas para devolver la confianza al cliente extranjero y convertirnos en un destino mucho más seguro”.

En Calella, uno de los principales destinos para el turista alemán, francés e inglés, han pasado de mantener disponibles unas 14.000 plazas hoteleras a unas 3.000, mientras aún confían en el turista que se desplaza con su vehículo particular, como los franceses y holandeses. Añoran el opulento turista ruso, por el que tanto habían apostado. En la zona comercial, un gran número de tiendas están cerradas y las playas, que hasta hace poco eran las más concurridas de la comarca, no han necesitado regular los accesos de usuarios.

Las oportunidades

Buscadores de “chollos” viven de las ofertas ‘low cost’ durante el verano

En Santa Susanna, otro de los grandes núcleos hoteleros del Maresme, también han cerrado hoteles “pero no tantos”, cuenta Joan Campolier, que atribuye el hecho a que los establecimientos mantienen una oferta plural y optan por no especializarse en clientes de una única nacionalidad. Gracias al cliente de proximidad “ha habido fines de semana con hoteles al 100% de ocupación” como el del 15 y 16 de agosto. En este municipio están pendientes de que se pueda celebrar el campeonato de Europa de Fitness, un gran acontecimiento,que reúne a 3.000 personas.

Por su parte, Malgrat de Mar dispone de 16 hoteles y solo han abierto tres, sin embargo han aumentado hasta el 60% la capacidad de los campings, donde disponen de unas 7.000 plazas.

Pero no todo son noticias negativas en el sector hotelero del Maresme. Ante la pérdida de clientes extranjeros, se ha notado cierta recuperación del turista de proximidad. “Clientes que proceden del Vallès y el área metropolitana de Barcelona”, desvela Jordi Noguera, aunque admite que son “turistas de corta estancia, especialmente de una pernoctación de fin de semana”.

Ayudas de la administración

El sector reclama la implicación de las administraciones para variar la tendencia

Precisamente en lo que se refiere a los clientes de proximidad y low cost , se dan casos que rozan la profesionalización, como por ejemplo el de Jordi, un informático de Mataró que alquila su apartamento en el centro de la capital del Maresme a través de una famosa cadena de contratación, por el que obtiene 80 euros diarios. Con ello paga el alojamiento a pensión completa en un hotel de tres estrellas junto a la playa de Calella, por el que abona 47 euros la noche y donde reside “prácticamente todo el mes”. A final de agosto hará cuentas y concluirá que “habré ganado unos 900 euros viviendo a cuerpo de rey, sin cocinar y con la habitación limpia y además, podré invitar a mi novia” ironiza.

Caso aparte son las familias de proximidad o kilómetro cero, como los Sánchez,un matrimonio con dos hijos de 12 y 10 años, residentes en Premià, que se han especializado en desmenuzar las ofertas de los operadores en las redes sociales. “Estamos en un hotel de Santa Susanna, de cuatro estrellas superior con pensión completa, donde una semana nos cuesta 268 euros”, lo que viene a ser unos 12 euros por persona y día. “Es lo mismo que nos costaría tomarnos un frankfurt o salir a comer un día con los niños”.

Para recuperar el sector moribundo, a criterio del presidente del Gremio de Hoteles es preciso hacer rotar esta tendencia negativa, no solo hacia los clientes extranjeros, sino garantizar la inversión de las administraciones para el sector.

 

LA VANGUARDIA

25/08/2020